Cada cierto tiempo, alguien me hace la misma pregunta, casi siempre con el mismo tono: por qué soy tan optimista con Bitcoin.
Mi respuesta suele decepcionar, porque empieza hablando de inteligencia artificial y tarda un rato en llegar a Bitcoin.
Lo que se abarata no es la inteligencia: es la segunda copia
Hay una manera limpia de medir lo que está pasando, y consiste en dejar de preguntar cuánto ha mejorado la tecnología para preguntar cuánto cuesta comprar hoy un nivel de calidad que ya conocíamos ayer. Se fija el listón y se mira el precio de mercado cada pocos meses.
Cuando GPT-3 se hizo accesible al público, en noviembre de 2021, era el único modelo capaz de aprobar con un 42 un examen de conocimiento general, y costaba sesenta dólares por cada millón de tokens, algo así como setecientas mil palabras. Tres años después, ese mismo listón lo sostenía un modelo pequeño servido por un proveedor cualquiera a seis céntimos por millón. Mil veces menos en tres años, alrededor de diez veces menos cada año, según el recuento que hizo a16z a finales de 2024.
En capacidades más altas la caída va más despacio, pero va. Epoch AI, que lleva la contabilidad más cuidadosa de esto, calcula que sostener el nivel de GPT-4 en preguntas científicas de doctorado se abarató unas cuarenta veces al año. Y ellos mismos añaden la advertencia que corresponde: el ritmo varía muchísimo según el umbral que se mida, entre nueve y novecientas veces por año, y las caídas más bruscas son las más recientes, así que nadie debería dar por hecho que esto continúa igual.
No hace falta que continúe igual. Con una fracción de ese ritmo, la conclusión es la misma.
Porque lo que se está abaratando, visto con la distancia necesaria, no es la inteligencia. Es el acto de hacer la segunda copia de algo: el segundo análisis, el segundo informe, la segunda pieza de software, la segunda imagen. La primera sigue costando lo que cuesta pensarla. La segunda tiende a cero, y con ella la tercera y las diez mil siguientes.
Durante siglos, el valor y la dificultad de copiar fueron la misma cosa
Y esa distinción no es un detalle técnico, porque durante siglos buena parte de lo que llamábamos valor era en el fondo dificultad de reproducción. Un retrato valía porque pintarlo llevaba semanas. Un informe de mercado valía porque reunir los datos costaba meses. Un traductor valía porque traducir era lento.
Como ambas cosas venían siempre juntas —lo valioso era difícil de copiar, lo difícil de copiar acababa siendo valioso—, nunca tuvimos ocasión de distinguirlas. No teníamos ningún motivo para hacerlo. La inteligencia artificial las está separando delante de nosotros, a una velocidad que todavía estamos digiriendo, y de ahí que el valor esté migrando hacia aquello que no admite esa multiplicación por mucha inteligencia que se le aplique.
Quedan pocas cosas en esa categoría. El tiempo de una persona concreta. El terreno de un sitio concreto. La confianza, que sigue tardando años en construirse y minutos en romperse. Y un puñado de activos cuya cantidad total está fijada de antemano.
Veintiún millones, y una regla que puedes verificar desde tu casa
Bitcoin lleva emitidos 20,08 millones de unidades sobre un máximo de 21, algo más del 95 %, con una emisión anual del 0,82 % que desciende sola a lo largo del tiempo, en base a un calendario fijado, sin que nadie tenga que decidirlo cada mañana.
Ese límite se sostiene sobre una regla que cualquiera puede verificar desde su casa, y en esa verificabilidad se basa toda su garantía. No en una promesa, ni en la reputación de una institución, ni en la buena fe de nadie: en que la cuenta se puede rehacer entera con un ordenador corriente y una conexión, y si el resultado no cuadrara, se sabría el mismo día. Es un modelo bastante más sólido que el de cualquier otra alternativa que se me ocurra.
Merece la pena detenerse en el 0,82 %, porque es el número que más gente pasa por alto. No es una cifra que alguien haya elegido este año: es lo que queda de un calendario escrito hace más de quince, que se reduce a la mitad cada cuatro años y que dentro de dos recortes estará por debajo del 0,2 %. La escasezEscasezOferta máxima fija de 21 millones de Bitcoin, imposible de alterar bajo el protocolo actual.Ver ficha → no se decide. Se cumple.
El otro número lo decide una reunión
La M3 de la zona euro creció un 2,7 % interanual en abril. Es una cifra moderada y perfectamente defendible, acordada por gente en teoría competente en una reunión, y que otra reunión igual de competente puede corregir el mes que viene.
No hace falta imaginárselo, porque es exactamente lo que ocurrió: 3,2 % en marzo, 2,7 % en abril, 3,0 % en mayo, 3,3 % en junio. Cuatro meses, cuatro números. Ninguno es escandaloso y todos son razonables. Esa no es la cuestión. Toda la diferencia está en quién conserva la potestad de mover y ampliar el número, y en que esa potestad, por definición, no se puede retirar de antemano.
Que quede claro lo que no estoy diciendo: no estoy diciendo que quienes toman esas decisiones lo hagan mal, ni de mala fe. Estoy diciendo que la diferencia entre una regla y una decisión no depende de lo acertada que sea la decisión.
Escribo desde España, y eso condiciona lo que veo
El sitio desde el que uno analiza las cosas condiciona bastante lo que ve, y el mío es un país donde los hogares guardan un récord de 1,1 billones de euros en cuentas y depósitos.
De ese billón largo, unos 937.000 millones están en cuentas a la vista, que llevan una década remuneradas entre el 0,14 % y el 0,17 %. Solo unos 161.000 millones están en depósitos a plazo, que son los que rentan alrededor del 1,6 % del que hablan los titulares, y que además ha ido bajando. Mientras tanto, el IPC de julio se situó en el 3,6 %.
Haga usted la resta con el número que le corresponda. Para el dinero que está a plazo son dos puntos de poder adquisitivo al año. Para el grueso, que está en la cuenta corriente, son casi tres y medio. Y todo ello dentro de la decisión más prudente que un ahorrador puede tomar, la que le recomendaría su madre, la que no aparece en ningún titular sobre riesgo.
Una generación entera creció con la certeza de que ahorrar y conservar valor eran la misma operación. Les tocará descubrir a destiempo que llevaban décadas confundiéndose.
Lo que esta tesis no es
Digo todo esto sabiendo que Bitcoin ha caído más de un setenta por ciento en tres ocasiones a lo largo de su historia, que volverá a hacerlo, y que quien no pueda sostener esa volatilidadVolatilidadLa amplitud de las oscilaciones del precio de Bitcoin en un período dado.Ver ficha → hace bien en quedarse fuera. No es una advertencia de cortesía al final del texto: es parte de la tesis. Un activo que se revaloriza sin sobresaltos no habría estado disponible a estos precios.
Nada de lo anterior pretende predecir el precio. Es una tesis que se irá construyendo durante las próximas décadas y que se juzga contando unidades, no mirando la cotización de esta semana. Es también, y conviene decirlo, la tesis de la casa: SatsIntel existe para seguir a las empresas cotizadas que han decidido lo mismo, y a mí me pagan por pensar en esto. Júzguese en consecuencia.
En una época en la que nos encaminamos a la abundancia productiva, lo único que conserva algún valor es aquello que no se puede fabricar más deprisa. Así de simple.


